martes, 18 de septiembre de 2012

ODA A LA TIERRA


Oda a la tierra.


Antes de ser pedrusco, fue arena
Textura de muchos colores.
Elementos minerales terrones de mi naturaleza.
Volcán turmalina y jade.
Desierto, estepa, cuchilla y montaña.
Planicie arrastrando páramos sangrientos.


Desde el vientre en llamas de mi tierra.
Surgió incandescente la lava.
Surgió también la vida preñada en cristales de azufre y minerales.
La tierra. La primera madre.


Antes… mucho antes de ser mar fue salina. 
Antes de ser pez corales rojos, negros intensos.
Desiertos inmensos.
Mares salados y ríos dulces.
Lagos llenos de renacuajos, alimento de otras especies.


Y la vida nuevamente asomando en verdes praderas pintando paisajes.
Recogiendo lluvias en rojas corolas florales.
Fertilidad, cimiente, fuerza y mente.
Y la evolución nuevamente en espiral solar
Casi impenetrables.
Como la congregación cósmica de los planetas en el infinito
De la vida a la muerte de la muerte al renacimiento.
Millones de siglos. 

ODA A LA MUJER


Oda a la mujer.
La mujer… mi entraña.
Antes de ser sirena fue pez. O fue mujer pez, como en la Ilíada.
Atormentando a los marinos, que encendidos en alcohol soñaban con sus cantos letales.
Antes de ser mujer fue niña. Acariciada, rescatada, agredida o violada.
Pero pudo volver a su entraña y pudo ser foca, y volver al centro de las aguas.

Pero al igual que la tierra, es hembra.

Mujer... Desde el centro de tu vientre, surge incandescente, la sangre.
La nueva vida, la prolongación, las raíces!...La Madre.
Después de casi dos mil años de sacrilegios, de incendiadas hogueras.
Comenzamos a reconocer, la intuición en el tercer ojo.

Descubrimos que  la percepción es el mismo centro de nuestro corazón de bruja, nuestro corazón de Madre.
Aprendimos a llamarnos Sabias, y somos piel de foca, la más brillante especie marina.
La más dulce amante la mejor amiga.
La más destructiva, cuando nos estafan y nos sacan del centro, o cuando tocan a nuestras crias.
La que deja por sus hijos: el amor, la belleza y hasta mutila sus sueños al azar.
Sometiendo su destino a esa impredecible actitud de querer estar al lado de ellos hasta el último día, a cualquier precio.

Hasta entender que es parte de la vida convertirse,  con el tiempo, solo en el recuerdo dulce, del sabor de las tostadas en las mañanas de invierno.
Y volver al centro de su propio aroma salvaje cuando es tiempo de dejar la puerta del corral abierto con la suficiente inteligencia de no quedar atrapada, sola…adentro y con los candados atrapados en sus dolores.

Y como el águila; volar sobre el pico más alto, mutar sus uñas y plumas y volver renovada por cien años más.
Allí están nuestras lobas, nuestras jefas de tribu, nuestras sirenas locas, nuestras.
A nuestro lado o en la estrellas, esas que yo busco hace mucho en el cielo para hacerles preguntas.
Nuestras guías, nuestra luz en la oscuridad.
Lava convertida en agua marina, para el amor, para el placer para el disfrute.
Nuestra madre universal, la loba,  la leona, las viejas sabias, las que aún conducen la  tribu con la mirada, y pueden curar con su instinto heridas letales.

Somos todo esto dormido.
Mujer debemos despertar y saber que, solo nos salvaremos de su mano, de la mano de la loba que nos habita,  y aprenderemos  a bucear dentro nuestro hasta poder reencontrarnos.

Vestido de Procesiones



 Había quedado atrás, gran parte del desierto, pero yo solo sentía el calor que me quemaba en la espada, y aunque mis piernas estaban dobladas, no podía descifrar, cuál era la sensación ni la intensidad del adormecimiento.
Tuve un presagio terrible de que no volvería a moverlas, como si estuviese muriendo por parte, pues el frio que sentía en ellas, clavaba agujas en otros lugares de mi cuerpo, confundiendo, si era ardor solamente o si algún duende maldito estaba apagando colillas de cigarrillos sobre mis pies como los que fumaba mi padre, apagándolos en cualquier lado y creo que muchas veces intencionalmente, sobre la ropa de mi madre.

El olor del carro, se tornaba nauseabundo, conteniendo mis deseos de orinar, creo que llegue a anestesiar mi vejiga hasta lograr que también ella tuviera ese rictus, de sensaciones, que me congelaba la entrepierna mientras quemaba hacia adentro.
Estaba tratando de hacer lo mismo con la saliva que a modo de vomito salía de mi garganta. Supe que estaba alimentándome de eso, pues Martin y Sofía, sin darse cuenta o intencionalmente, no me dieron nada de comer por muchas horas. Al no poder expulsarlo volvía a tragármelo, junto con el llanto, que fluía de mis ojos como canilla abierta, como cascada silenciosa. El miedo detenía todos los sonidos.
Esto lo sé ahora que pasaron 30 años, y aquí estoy del otro lado de la maldita frontera para contarlo.
 Allí tenía no más de diez años y por suerte todo el instinto de supervivencia aguzado.
La fatal herencia de mis abuelos chamanes, me habían marcado huellas en la memoria, como un camino con luces diminutas que me permitiría sobrevivir a ciegas, aún en una isla desierta.
Para respirar sacaba mi nariz, por un pequeño orificio de una rotura de la alfombra, del tapizado. Mis pasadores habían agrandado con la navaja un pequeño orificio disimulado por la mugre antes de meterme envuelta en una bolsa bajo el espacio  que dejaba el asiento trasero de la rural desvastigada en la que estábamos viajando.
Yo, perfectamente disimulada.
Solo recuerdo que el miedo, era tan grande que soportaba sin darme cuenta, los 120 grados de la Zona Fronteriza de Paso Juárez, mientras la humedad, y mi traspiración construían una pócima que corroía mi espalda como, si fuera un ácido que lentamente se iba esparciendo.
Se, que ellos me llevaban por dinero, que había podido pagarles en parte. l
Del otro lado mi madre,  se suponía, me estaba esperando.
Mi abuela, y sus pocos ahorros sirvieron para conseguir este vuelo en primera clase!.
Cuando, Amaranta, murió, uno o dos meses antes, dejo en el lugar donde escondíamos nuestras cosas queridas e importantes, mi acta de nacimiento, ningún documento pues no tenia, y las cartas de amor de mi madre, que hacía tres años había cruzado la misma frontera, soportando quizá cuales vejaciones en busca de un destino mejor que prostituirse o dejarse matar a golpes y droga en mi natal Ciudad Juárez.
El calor quemaba. El aliento, parecía derretir mi garganta, pero una ola de frio gélido producida por el miedo, me salvaba de una muerte seguramente deshidratada…
No sé en qué momento pase la frontera, solo el auto y yo, pues mis conductores se tuvieron que quedar en el pase aduanero, a solucionar unos temas de ticket del auto, o no sé qué otra hijaputés, de la migra americana.
Yo temblaba y me meaba, mientras el calor y la humedad, se confundían en vapor,  y así,  envuelta en ese traje de astronauta, sentí que al carro, se lo llevaba un remolque, y que si no lograba salir de allí cuando llegara la noche, moriría, para cuando ellos volviesen a buscarlo.

No sé  tampoco quién lo dejo tirado en un depósito, pues el terror me desmayo y me desperté cuando ya la temperatura había bajado, y comencé a sentir que mágicamente podía moverme, al escuchar el absoluto silencio, de la noche.
La puerta trasera estaba abierta y no sé qué Ángel me saco de esa, mi primera tumba.

Pienso ahora, que esa fue la puerta de salida de mi primera vida, pero lo extraño que aún no me explico, fue como pude pasar, de una vida a otra con el mismo karma y la misma ropa de uniforme, que me había dado mi prima Mareta, cuando le quedo chica.

Era el único atuendo de domingo y fiestas de la Virgen, que yo ilusionada   muy feliz, me había puesto para poder pasar sin papeles la frontera que me separaba de mi madre, escondida en la cajeta trasera de un auto.
De allí salí con el vestido azul roto, el cuello blanco se había tornado gris oscuro, la vincha blanca que traía, quedo agarrada en unos hierros, que tuve que empujar, para poder zafarme y los botones de mis manguitas habían desaparecido.
Camine tres o cuatro horas, no lo sé exactamente,  para llegar a la carretera, con una viejo atado, a modo de bolso  con pocas pertenencias y un poquito de plata que había escondido, dentro de las plantillas de mis zapatos negros, otra herencia de Lupita mi otra prima que se había muerto de fiebre, hacia un verano. Y que había sido velada, durante dos días, celebrando la muerte del ángel que se tenía ganado el cielo, tempranamente.

 Mientras todos los parientes, quedaban tirados, en los alrededores de la casa, rechonchos de tanto comer y chupar cerveza con la excusa de la muertita, y de acompañar a los familiares.

Comencé a preguntarme, donde estaba caminando, quizá me había muerto y los zapatos mágicos de Lupita, me llevarían a su lado.
Sentí un poco de alivio al poder moverme, entonces sin saber de dónde, salieron fuerzas…para seguir.
Iba recorriendo con la mirada el paraje tan agreste, con una luna capaz de iluminar una cueva, y enceguecer coyotes, que por suerte no aparecían, encandilados  en sus guaridas, por temor a la luna, tan llena sobre el desierto.
Desesperada por una gota de agua, no terminaba de entender dónde estaba ni i donde estaban las vírgenes, que con el mismo ropaje tantas veces había peregrinado, de la mano de mi abuela rogándoles, pobre vieja, hasta las lágrimas, que me cuidaran.

 Cuando deje en el cementerio, a Amaranta López, mi abuela, y tire un poco de tierra sobre su fosa, las manos se habían convertido en barro, rociadas con mi llanto, y los puños blancos, eran color chocolate. Entre lágrimas, y ojeras de barro y desesperación le jure a mi abuela, que yo cruzaría hacia la libertad, y llegaría donde mi madre.
A vueltas del cementerio, me llevaron unos amigos de la abuela, él era un poco extraño, se llamaba Daniel y siempre golpeaba a su esposa Maribel y a las niñas que eran mis amigas, Lupe y Rosarito
 El, sonreía de una forma, parecía que te tocaba las partes íntimas, con la mirada.
No inspiraba confianza, por eso pedí que me lleven a mi casa, que quería dormir en la cama de mi abuela, como ultima despedida.
Allí me dejaron esa noche, por suerte sola, en el cuartucho donde vivíamos, mi abuela y yo.
 Lave mi único atuendo festivo, lo seque con la plancha de carbón,  me lo puse, de nuevo, cruce mi mochila al hombro y salí disparada, a buscar quien me cruce, siguiendo los consejos de la abuela, huyendo de cuanto hombre amable se me acercara.

Aquí estoy en Los Ángeles, no sé si esta historia es de otra vida, de mi vida anterior, de una herencia de familia o de mis antepasados.
Pero siento que es una vieja profecía, que en este momento, se revela.
¡Como recuerdo la textura de lana del vestido azul lastimándome las manos! Apretujándolo, estirando,  temblando de frio o de miedo, sin más recursos que la confianza, cuando dos personas me levantaron en el camino que conduce al Paso para dejarme, finalmente, en manos de mi madre.
Llegue a ella con el mismo vestido azul de cuello blanco, reciclado y planchado por María, el ángel enmascarado, que me recogió en la carretera, y se ocupó de buscarla.
Esa es la última estampa que recuerdo, cuando veo esta foto, de mis dos vidas en paralelo, y no sé si estoy en la procesión a la virgencita del Valle, de Guadalupe, o de que Virgen, de la mano de mi abuela, o simplemente en una visión, del paraíso.
Yo solo sé que cuando vi el mar y mi madre esperándome con los brazos abiertos, también estaba Amaranta, mi abuela bonachona, confundida en un abrazo, aunque sus huesos, descansen allá, tan lejos, en la tierra de  Juárez.

martes, 31 de julio de 2012


PARA SIEMPRE.



…Mientras me saludaba, con su mano derecha, vi brillar la alianza de compromiso, peinaba con la otra mano su larga cabellera, negra y brillante, como una turmalina, entonces supe que el PARA SIEMPRE ….

La mañana de aquel caluroso enero transcurría bajo la sombra perfumada y dulzona del paraíso, que atemperaba ese mediodía de verano.
Y la película muda de mi memoria se llena de imágenes y recuerdos.
La plancha de carbón, descansa sobre la mesa de madera, cual faro de puerto, oscura y silenciosa.
María está allí asomando, su cara filosa con alguna barba distraída, casi masculina,  creciendo día a día, siempre detrás de los lentes permanentes, colgados de su nariz.
 Sus hilvanes en la mano, esperando a José Fromm.
José, no faltaba a la cita, ningún día de la semana.
Su figura asimétrica, asomaba primero por hombro izquierdo, como atropellando todo, balanceando la mano, que parecía rozar el piso, mientras la pierna derecha, más corta, y con zapato especial, descansaba entera sobre la izquierda.
En ese movimiento nada sutil que tenía su cuerpo, se lo veía aparecer por la esquina, rumbo a la ventana.
Su enorme joroba, sostenida por la nuca, era un bulto similar a la cabeza, que lo hacía, caminar y sonreírse siempre con esa permanente postura obsecuente.
Nosotros, los niños jugando a imitar, solíamos descostillar la risa, por aquel cuasimodo en miniatura que llevaba a María, el pan caliente, recién horneado, y los dos pantalones listos para ser cocidos.
Esa rutina diaria de días de semana, hacían que José, llegase a diario con una leve esperanza, de atreverse a insinuar sus deseos.  Compartir la soledad con ella. Pero las palabras se suicidaban en su boca antes de salir en el caldo espeso y amargo de la saliva que tragaba tristemente, diluida en una porción igual de timidez y complejos.
Tenían los dos, muy claro que la señorita, jamás se fijaría en él, ni en nadie, pues en su mano aun esgrimía, casi orgullosa, la alianza de compromiso, con la leyenda en su interior, que decía…Para Siempre Ernesto.
Un día… María decidió no salir más de la casa, se aisló en su mundo de pantalones plancha de carbón y ventanas abiertas.
Escapándole, empecinadamente, al aseo personal y de la casa, comenzó a vivir entre la tierra bajo los manteles que cubrían los muebles, para que no se rayen, tremendamente sucios, y llenos de telas de araña.
No se sabía que enojo tan grande la llevo a privarse de la tina caliente, tapar los espejos, y no ver nunca más su cuerpo desnudo. Sus hermosas caderas redondas.
 Huyendo a todo placer de caricia, intima. Y sobre todo, resignada en su virginidad, hasta de pensamientos.
Sus rosados y turgentes pezones, pequeños; que morirían sin la experiencia de ninguna boca, sedienta recorriéndolos.
 Sin deseos, sin premuras, sin aseo… PARA SIEMPRE.
Comenzó a negarse a cambiar de ropa a pesar de los dardos venenosos que su familia tiroteaba sobre ella.
Los días que caían en tropilla de visitas, a aconsejar su soledad, y contar alguna cosa que siempre la dejaba con la mirada turbia y la tristeza brotando como plumas de sus poros.
Paso el tiempo y ya creciendo, logre construir con ella una relación cercana, de mañanas de pan caliente, cuando murió el sastre jorobado.
Nuestras charlas giraban entre Ernesto, y los mil amores que calentaban, mi sangre adolescente.  Muchachos, polleras cortas, tacones en sueco, tapados sin manga, los Beatles, a full desde mi tocadiscos, y por supuesto, una foto gigante de otro Ernesto, el Che Guevara sobre mi cama.
Eran esos tiempos en que María y yo, éramos confidentes.
Ella estaba de observadora feliz de cuanta aventura sucedía, siempre detrás de la ventana.  Sonrisa cómplice, sosteniendo a su gata Carmen, abrazada.
 Gesto de Gioconda, ojos melancólicos, con el mismo vestido todo Enero, y PARA SIEMPRE…con el aburrimiento esperanzado.
Me dio mucha tristeza saber que murió una mañana fría, de julio en un hospicio, donde todos los días, la bañaban.
Me dio nostalgia la ventana sombría, llena de musgo verde.
En esa mescolanza de recuerdos viejos, estos días, me lleve a la cama su memoria
Al despertar me sentí liviana y alegre, quería interpretar el mensaje, de un sueño, muy extraño.  Sin poder dejar de escribir tan clara manifestación, comenzaron mis dedos a escribir algo que no entendía demasiado.
Este cuento que lleva, el mismo final que comienzo, pues así suceden los sueños cuando quieres plasmarlos en palabras.
Supe primero el final de la historia, y me dejo una sonrisa y estas palabras: 
 Ella, finalmente, había encontrado a Ernesto en otra vida.
María, se zambullía en una hermosa laguna transparente, su pelo brillaba, el agua lavaba todas sus heridas, y ella resplandeciente con cara de niña enamorada,
Me sonreía al salir desnuda del agua.
Virginal, pero con la otra sonrisa oculta de la obra de Leonardo.

 Mientras me saludaba, con su mano derecha, vi brillar la alianza de compromiso, peinaba con la otra mano su larga cabellera, negra y brillante, como una turmalina…Entonces supe que el PARA SIEMPRE, del anillo de María, NO ERAN SOLO DOS PALABRAS

miércoles, 25 de julio de 2012

Del Mar y otros Placeres.



Las olas acompañan mi respiración, siento mis pies acariciados por guijarros.
Una a una las sensaciones van apareciendo en mi interior y se van yendo con las olas, el mar me transporta en su trampolín de espuma blanca, me sacude, no puedo resistirme al sabor salado de la bruma, me adentro en su interior y las caracolas ruedan bajo mis pies, convertidas en pequeños trozos de obstáculos, que se diluyen en cada paso.
Ya no siento mis pies, solo comienzo a notar una cosquilleante, sensación en la espalda.
Los poros se abren y salen de mi piel, nacientes plumas, más y mas, la sensación de libertad me invade, me acaricia el viento. Puedo volar.
Bajo mío, se dibujan lagos, desiertos, junglas, ríos, océanos, y una gran estela blanca, donde pequeños espejos quebrados parece estar pariendo diminutas lunas.
 Necesito llegar a ti con la caricia, llegar hasta tu lecho e incorporarme en tus sueños.
 Estar allí, cuando tú me necesites, compartir tus plegarias, acariciar tu sonrisa, tu boca bebiendo mi propia sed…tu sed.
Descubrir las montañas de tu geografía, tus manos, tu piel de durazno expandida en mi propia piel.
Y nuevamente a tu lado, bebo la miel de tu boca, camino con tus pies, me fluyo en tu interior y tengo tus mismos deseos.
Te poseo, me posees, te pertenezco, me perteneces, respiro con tu aliento, y sé que somos uno, todo está aquí, no hay más distancias, solo reencuentros permanentes de manos que acarician, de lenguas que lamen viejas heridas, de ojos que reparten las lagrimas, de gritos sofocados, en la garganta del otro….Es la alquimia, es la nueva sensación de luna llena.
Reinventando a tu lado el nuevo diccionario de caricias.

No quiero despertar de mi sueño, pero el mar sigue susurrando sobre la costa, arrastrando las pocas huellas de nuevas caracolas rotas, entregado a la rutina de gaviotas ansiosas, por su último bocado.
Ya no estás aquí, palpo tu lugar en la cama fría.
Me quedan tus  lágrimas…o son mis lágrimas? Húmedas aun de tus besos mi almohada.
Húmedo mi interior, haciendo lugar, manteniendo el calor para recogerte  una vez más, cuando regreses.

     Y despierto... debo escribir en el instante que mi mente permite el recuerdo.
Escribir por centésima vez este  sueño para depositarlo sobre tu memoria, junto a los  jazmines, que arrojo sobre el muelle cada noche de  luna llena.

Allí estas, en este orgasmo cósmico que nos pertenece en silencio. 
Alli desde que decidiste emprender este camino en solitario.
Allí para siempre,  caminando sobre las aguas.




lunes, 23 de julio de 2012

 Desenamorarse...




Es transitar la tristeza pasajera, con la absoluta compasión, de tus propias lagrimas.


 Es buscar un lugar oscuro donde refugiar tu piel en carne viva.


Y quedarse allí, hasta que la nueva escama, permita abrazarte de nuevo al sol.


Es dejar abierta la puerta de la  jaula donde encerrabas todas tus  mariposas.


Es poner un paño helado sobre todos tus ardores, casi adolescentes.


Es jugar a la sexualidad en solitario.


Es espiar la ventana, de los celos.


O simplemente entrar en el silencio, sin que ya te importe nada.

Ana Conti .07,23,2012

viernes, 20 de julio de 2012

Continente


Continente.

No te ausentes, no te mudes.
Continente.
No me dejes como barco sin bahía.
No me absorbas en remolino de huracanes.
No me dejes más desposeída.
No me atrapes en la red de tus conjuros.
No me siembres, girasoles descuidados.
                                 Sin tu luz seguramente morirían.
No te acuestes en el lecho de mi muerte,
Porque allí jamás te llevaría.
No embriagues mis sirenas con tu ausencia.
No rompas caracolas, sin sentido
No me amarres, no me ates.
No te pierdas por favor…en mi poesía.
No me dejes en el puerto.


No ...Amarrada al ancla de este barco
                                 Al que tú, jamás te subirías.


Ana Conti, Noviembre de 2011

miércoles, 11 de julio de 2012

Tormenta de Verano.

TORMENTA DE VERANO.



Allí estaba Dolores mirándose desde arriba.

Ella tenía la capacidad, de separarse de los viejos vestidos.

De la vieja malaventura. En la nada absoluta.

Flotaba sintiendo ese calor y ese vacío.

Ese costado inferior de su cabeza, se hinchaba…se hinchaba.
La realidad desaparecía cuando un bisturí mágico, extraía el coagulo del miedo.
La caricia conjeturaba la paz, un estado de felicidad… de calma.
De no pensamiento.
Una sensación de electroshock que le permitía, deshilar las culpas.
Sentirse liviana, y volar, en los días de tormentas bravas como ahora.

En esas siestas calientes, el aire quemaba cuando intentaba respirar.
Eran esos días de lluvias Litorales…de piedras del tamaño de una naranja, pegando contra la chapas del techo mientras el cielo temblaba y la tierra se hacía eco, en gris absoluto.
Estaba bajo sus pies, el mundo. Y era ligero. Como después de los terremotos.
Después que Santiago del Estero, se sacudiera absoluta, después de que Valparaíso temblara, hasta arrancar gemidos de horror y muerte a la tierra. Pedazos de manos y brazos aun en movimiento, animales en agonía de muerte atrapados por la tierra que se cerraba nuevamente,
Ella, había estado en esos epicentros, bajo los escombros, y mirando desde arriba más tarde.
Lo recordaba perfectamente, cuando el olor a azufre caliente lo envolvía todo.
Entonces, quedaba un segundo así… así en ese estado de lobotomía, en ese estado de nada, hasta poder gritar, el llanto sangrante de su alma.
Abrazándose sola, acunándose.
De esa forma su madre, estaba allí de nuevo, ahora en este presente, lleno de pasado, cuando el miedo se percibía, desposeído, junto a la lluvia.
Nana, Ha, Nana!.., y calor de siesta Santafecina .
Balanceada hacia atrás y adelante, sobre las piernas de su madre, cruzadas en el piso, y en esa cuna, en esa mágica hamaca, sentía que la vida volvía a ser tibia, los miedos desaparecían, cuando la tormenta pasaba, y venia esa calma clara y el silencio absoluto.
Las manos de madre recorrían su frente húmeda, acomodando el desparramo de pelo, pegadito a la piel, y con su índice le envolvía los rulos dorados….tan parecidos a los de su padre….allí estaba la estampa de la piedad, con su madre viva.

Cuando parecían las ramas caídas, los trozos de trapos y tierra y la ropa dejaba de revolcarse en el patio, el reloj, comenzaba a marcar de nuevo el paso del tiempo.
Los árboles arrancados de cuajo, las hojas con ramas, los pedazos de tablas retorcidos contra el tejido del gallinero, y las gallinas, escondidas sus cabezas entre las plumas, parecían ovillos de lana.
Las piletas donde se juntaba el agua de lluvia, desbordada, como el pozo del patio.
Las calas aplastadas, como peinadas a la tierra, la vida en jirones de naranja y lima, detrás del recién nacido arcoíris.
Los azares desparramados sobre el piso, como cubriendo féretros…
Y la vida volvía a la triste normalidad, Marianela a sus tareas diarias.
Limpiando su casa temprano, para sacar la tierra de las fotos.
Corriendo a asistir a los ancianos, que cuidaba, cada mañana sacándoles una sonrisa, a pesar de sus enojos de viejos y mal carácter.
Una Mañana de enero, no llego al Hospital.
En la pared del Aljibe, que se veía imponente con sus maceteros de geranios rojos, dejo señales.
Antes de lanzarse, depositó  su atuendo de domingo, y el relicario, con la foto de su madre.
La encontraron a la salida de una boca del rio Paraná, atrapada por los juncos de la orilla.
No se sabe cómo llego allí.  Como atravesó, ese mesiánico camino.
Quizá sus ángeles, la llevaron a una puerta oculta, para que deje allí, su traje usado.
Quizá voló sola. Posiblemente desterró su miedo.
Se veía esplendida, con su sonrisa, extraña, y su piel blanca como las azucenas del patio.
Abrazándose sola, con un ramo de Jazmines en su mano, que aun perfumaban.



Ven... Siéntate un ratito, hija…la tormenta paso, es corta la vida, como un mate cuando esta delicioso. Dame un abrazo, no pensemos en nada, la vida es increíblemente mágica.



Ana Conti , Enero de 2012

martes, 3 de julio de 2012

Para todas las Patrias de America


PATRIA MIA

-Digo Patria y mis memoria se desliza
En un tobogán de arena y tiempo
Y desfilo como entonces por las calles de mi pueblo.
Escarapela, zapatos negros
Guardapolvos planchados con almidón
de maicena y agua.
Corriendo con magia equilibrista
Hacia la bandera, celeste y blanca.

-Digo patria y mi memoria se desliza
a las noches en el colegio sin salidas
De cultura, de leyendas.
De respeto, de enseñanzas,
Y bendigo el infaltable diccionario!

- Digo patria y mi memoria se desliza
A aquellos barcos de inmigrantes sin recuerdos
Pues la mar y el dolor hicieron al olvido.
Cruzando paralelos, meridianos, sin saber cuál era su destino.
Lanzados a buscar otros lugares,
Pues la guerra y el hambre
Convirtió sus lágrimas en coraje.
Por estos.. mis abuelos ¡Digo patria!!

Digo Patria despuntando adolescencia
De caminos en silencio, de veinte mil desaparecidos
De padres buscando hijos,
De abuelas buscando nietos
De mujeres de pañuelos blancos
Llorando en el altar de la Patria misma.
Por ellos digo Patria!

Digo patria y se me anuda la garganta
Digo patria, con todas las banderas
Digo patria, por la llanura de mis pagos
Camalotes, crecientes, trigo y horizonte.
Por las montañas que acunan a mi descendencia.
De ríos torrentosos, tan cimbreños como sus girasoles.
Por la llanura de mi tierra y las ovejas envolviendo las caricias
De las noches heladas de un Sur extenso y desposeído!

Digo patria y se encienden mil guitarras,
Digo patria y se asoman mis simientes
Y mis muertos tan amados cuyos cuerpos
Resguardados en su altar, alimentan esta tierra mía.

Digo Patria, cualquier día de esta América
Por mis indios, mis hermanos
Por todos los Continentes,
Por la independencia del hombre y sus prisiones
Por este universo de lenguaje, por este crisol de razas
Donde florece tanta magia y la poesía………Ana Conti,  4 de Julio de 2012

domingo, 1 de julio de 2012

Poesia


POESÍA.



Fui... poesía dijo el poeta,
Refugio de solitarios corazones.
Soy eternidad en los amores.

Fui canción, bajo la parra,Trepada de madreselvas y paloma.


Verdad, y estúpido destino


Fui tan solo palabras sin sentido,Tristeza que se acuna,Abrasándose muy sola.Refugiándose en la noche oscura.


Recuerdo prisionero de pasiones.


Escribiendo  estos versos para otros,Y en la esencia de la vida misma, descubro...Descubro…mis propias limitaciones 

Enia y uno de sus mejores temas, para volar !!!

Cuando dos almas están destinadas a encontrarse, sucede antes que los cuerpos se conozcan !!!
Enia, a volar con la musica.