martes, 18 de septiembre de 2012

ODA A LA MUJER


Oda a la mujer.
La mujer… mi entraña.
Antes de ser sirena fue pez. O fue mujer pez, como en la Ilíada.
Atormentando a los marinos, que encendidos en alcohol soñaban con sus cantos letales.
Antes de ser mujer fue niña. Acariciada, rescatada, agredida o violada.
Pero pudo volver a su entraña y pudo ser foca, y volver al centro de las aguas.

Pero al igual que la tierra, es hembra.

Mujer... Desde el centro de tu vientre, surge incandescente, la sangre.
La nueva vida, la prolongación, las raíces!...La Madre.
Después de casi dos mil años de sacrilegios, de incendiadas hogueras.
Comenzamos a reconocer, la intuición en el tercer ojo.

Descubrimos que  la percepción es el mismo centro de nuestro corazón de bruja, nuestro corazón de Madre.
Aprendimos a llamarnos Sabias, y somos piel de foca, la más brillante especie marina.
La más dulce amante la mejor amiga.
La más destructiva, cuando nos estafan y nos sacan del centro, o cuando tocan a nuestras crias.
La que deja por sus hijos: el amor, la belleza y hasta mutila sus sueños al azar.
Sometiendo su destino a esa impredecible actitud de querer estar al lado de ellos hasta el último día, a cualquier precio.

Hasta entender que es parte de la vida convertirse,  con el tiempo, solo en el recuerdo dulce, del sabor de las tostadas en las mañanas de invierno.
Y volver al centro de su propio aroma salvaje cuando es tiempo de dejar la puerta del corral abierto con la suficiente inteligencia de no quedar atrapada, sola…adentro y con los candados atrapados en sus dolores.

Y como el águila; volar sobre el pico más alto, mutar sus uñas y plumas y volver renovada por cien años más.
Allí están nuestras lobas, nuestras jefas de tribu, nuestras sirenas locas, nuestras.
A nuestro lado o en la estrellas, esas que yo busco hace mucho en el cielo para hacerles preguntas.
Nuestras guías, nuestra luz en la oscuridad.
Lava convertida en agua marina, para el amor, para el placer para el disfrute.
Nuestra madre universal, la loba,  la leona, las viejas sabias, las que aún conducen la  tribu con la mirada, y pueden curar con su instinto heridas letales.

Somos todo esto dormido.
Mujer debemos despertar y saber que, solo nos salvaremos de su mano, de la mano de la loba que nos habita,  y aprenderemos  a bucear dentro nuestro hasta poder reencontrarnos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario