miércoles, 25 de julio de 2012

Del Mar y otros Placeres.



Las olas acompañan mi respiración, siento mis pies acariciados por guijarros.
Una a una las sensaciones van apareciendo en mi interior y se van yendo con las olas, el mar me transporta en su trampolín de espuma blanca, me sacude, no puedo resistirme al sabor salado de la bruma, me adentro en su interior y las caracolas ruedan bajo mis pies, convertidas en pequeños trozos de obstáculos, que se diluyen en cada paso.
Ya no siento mis pies, solo comienzo a notar una cosquilleante, sensación en la espalda.
Los poros se abren y salen de mi piel, nacientes plumas, más y mas, la sensación de libertad me invade, me acaricia el viento. Puedo volar.
Bajo mío, se dibujan lagos, desiertos, junglas, ríos, océanos, y una gran estela blanca, donde pequeños espejos quebrados parece estar pariendo diminutas lunas.
 Necesito llegar a ti con la caricia, llegar hasta tu lecho e incorporarme en tus sueños.
 Estar allí, cuando tú me necesites, compartir tus plegarias, acariciar tu sonrisa, tu boca bebiendo mi propia sed…tu sed.
Descubrir las montañas de tu geografía, tus manos, tu piel de durazno expandida en mi propia piel.
Y nuevamente a tu lado, bebo la miel de tu boca, camino con tus pies, me fluyo en tu interior y tengo tus mismos deseos.
Te poseo, me posees, te pertenezco, me perteneces, respiro con tu aliento, y sé que somos uno, todo está aquí, no hay más distancias, solo reencuentros permanentes de manos que acarician, de lenguas que lamen viejas heridas, de ojos que reparten las lagrimas, de gritos sofocados, en la garganta del otro….Es la alquimia, es la nueva sensación de luna llena.
Reinventando a tu lado el nuevo diccionario de caricias.

No quiero despertar de mi sueño, pero el mar sigue susurrando sobre la costa, arrastrando las pocas huellas de nuevas caracolas rotas, entregado a la rutina de gaviotas ansiosas, por su último bocado.
Ya no estás aquí, palpo tu lugar en la cama fría.
Me quedan tus  lágrimas…o son mis lágrimas? Húmedas aun de tus besos mi almohada.
Húmedo mi interior, haciendo lugar, manteniendo el calor para recogerte  una vez más, cuando regreses.

     Y despierto... debo escribir en el instante que mi mente permite el recuerdo.
Escribir por centésima vez este  sueño para depositarlo sobre tu memoria, junto a los  jazmines, que arrojo sobre el muelle cada noche de  luna llena.

Allí estas, en este orgasmo cósmico que nos pertenece en silencio. 
Alli desde que decidiste emprender este camino en solitario.
Allí para siempre,  caminando sobre las aguas.




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