Las
olas acompañan mi respiración, siento mis pies acariciados por guijarros.
Una a
una las sensaciones van apareciendo en mi interior y se van yendo con las olas,
el mar me transporta en su trampolín de espuma blanca, me sacude, no puedo
resistirme al sabor salado de la bruma, me adentro en su interior y las
caracolas ruedan bajo mis pies, convertidas en pequeños trozos de obstáculos,
que se diluyen en cada paso.
Ya no siento mis pies, solo comienzo a
notar una cosquilleante, sensación en la espalda.
Los poros se abren y salen de mi piel,
nacientes plumas, más y mas, la sensación de libertad me invade, me acaricia el
viento. Puedo volar.
Bajo mío, se dibujan lagos, desiertos,
junglas, ríos, océanos, y una gran estela blanca, donde pequeños espejos
quebrados parece estar pariendo diminutas lunas.
Necesito
llegar a ti con la caricia, llegar hasta tu lecho e incorporarme en tus sueños.
Estar
allí, cuando tú me necesites, compartir tus plegarias, acariciar tu sonrisa, tu
boca bebiendo mi propia sed…tu sed.
Descubrir las montañas de tu geografía, tus
manos, tu piel de durazno expandida en mi propia piel.
Y nuevamente a tu lado, bebo la miel de tu
boca, camino con tus pies, me fluyo en tu interior y tengo tus mismos deseos.
Te poseo, me posees, te pertenezco, me
perteneces, respiro con tu aliento, y sé que somos uno, todo está aquí, no hay más
distancias, solo reencuentros permanentes de manos que acarician, de lenguas
que lamen viejas heridas, de ojos que reparten las lagrimas, de gritos sofocados,
en la garganta del otro….Es la alquimia, es la nueva sensación de luna llena.
Reinventando a tu lado el nuevo diccionario
de caricias.
No quiero despertar de mi sueño, pero el
mar sigue susurrando sobre la costa, arrastrando las pocas huellas de nuevas
caracolas rotas, entregado a la rutina de gaviotas ansiosas, por su último
bocado.
Ya no estás aquí, palpo tu lugar en la cama fría.
Me quedan tus lágrimas…o son mis lágrimas? Húmedas
aun de tus besos mi almohada.
Húmedo mi interior, haciendo lugar,
manteniendo el calor para recogerte una vez más, cuando regreses.
Y despierto... debo escribir en el instante que mi mente permite el recuerdo.
Escribir por centésima vez este sueño para depositarlo sobre tu memoria, junto a los jazmines, que arrojo sobre el muelle cada noche de luna llena.
Allí estas, en este orgasmo cósmico que nos pertenece en silencio.
Alli desde que decidiste emprender este camino en solitario.
Alli desde que decidiste emprender este camino en solitario.
Allí para siempre, caminando sobre las aguas.
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